El Gobierno reaccionó con la virulencia característica. Por todos los medios disponibles emprendió la embestida contra la diputada María Corina Machado. No le bastaron los ataques físicos de los que fue víctima la legisladora a manos de una “colega” en dos ocasiones. Esta vez la “cosa iba en serio”. ¿El detonando del artillería pesada? El impacto de las denuncias de Machado en el exterior, que le valieron una invitación del presidente de Panamá y la posibilidad de intervenir ante el Consejo Permanente de la OEA, este viernes, 21. Adicionalmente, y frente al encarcelamiento de Leopoldo López, la posición frontal contra las acciones represivas del Gobierno y el rechazo rotundo de la injerencia cubana en Venezuela, incrementaron la antipatía en el seno del sector oficial. A pesar de las acusaciones del titular de la Asamblea Nacional, que la responsabilizó de terrorismo, desestabilización y hasta asesinato, y que podrían derivar en el allanamiento de su inmunidad parlamentaria, Machado partió a Washington el miércoles para exponer la situación venezolana, agravada en las últimas horas con las detenciones irregulares de dos alcaldes opositores.

Pero ¿A qué se debe  la reacción del régimen ante el viaje de la legisladora a un organismo, a todas luces controlado por Ejecutivos aliados? ¿Qué podría decir María Corina que no se sepa? El número de fallecidos es conocido. El de detenidos también. ¿Cuál es la lógica del arrebato de ira oficial? Lo única respuesta posible: no dejar ningún espacio libre para la denuncia, ni siquiera en foros internacionales y mucho menos en aquellos en los que obviamente ejerce marcada influencia.

La ex precandidata presidencial se presenta inalterada. En la capital estadounidense hablará sin tapujos, a sabiendas que de regreso a su país la espera la (in)justicia revolucionaria. Las de este viernes pueden ser sus últimas horas en libertad. Cada palabra será seguida con atención y representarán espinas lanzadas al corazón de la bestia. Las naciones de la región deberán decidir, entre continuar como testigos mudos de la desgracia o promover alguna acción que, en el corto plazo, contribuya  a contener la violencia.

Actualmente la OEA es el equivalente a un zombi que deambula sin rumbo, ni sentido. Los venezolanos esperan que las palabras de María Corina Machado sirvan para reanimar a la institución o para devolverle la vida, y no como epitafio.

Oscar Zambrano Quiroz

 

Comentários

comentários