El anhelo de buena parte de los venezolanos y de las naciones de la región parece concretarse. Este jueves, Gobierno y oposición se sentarán a discutir sus diferencias en lo que podría catalogarse como el inicio de un proceso de diálogo. ¿Servirá para aplacar las protestas callejeras? Es temprano para saberlo. ¿Ayudará a solucionar los problemas económicos del país? Resulta difícil pensar que después de tanta “revolución” y “discurso ideológico”, el Ejecutivo simplemente de vuelta atrás en sus pretensiones de control y dominio de todos y cada uno de los espacios de la economía nacional.
Es imposible prever el resultado de estos encuentros, que en la práctica, parecieran el único camino para alcanzar la “paz” y la “estabilidad” de la República, pero que desde la óptica de otro numeroso grupos de venezolanos, no pasa de un montaje para oxigenar a la administración de Maduro, a través del ofrecimiento de más espacios de poder a sus adversarios políticos, sin que ello implique cambios de fondo. Nadie quiere la guerra, ese abominable escenario es rechazado por la mayoría. La misma que apuesta a vivir en un país medianamente normal, donde puedan formarse, trabajar y echar raíces, sin miedo a ser víctimas del hampa, la escasez o el precario sistema de salud. El diálogo no puede ser una fotografía, como ya lo señaló el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, debe ir mas allá. Debe garantizar la viabilidad de la nación. El cumplimiento de las leyes a cabalidad, la libertad, la democracia y un sistema que permita a los empresarios ser productivos. -Cuanta responsabilidad para quienes se sentarán a hablar en nombre de millones- De lo que se diga ahí, dependerá el futuro de muchos, particularmente de los más jóvenes, que en la situación actual, no encuentran espacio en el horizonte nacional, pues muchos se sienten excluidos de la posibilidad de adquirir viviendas, carros y, ahora, hasta viajes, debido a la inflación que pulveriza los salarios.
Al diálogo se debe apostar. Tal como lo dice la esposa del comisario Iván Simonovis, y quien más que ella pudiera tener razones para dudar. La buena fe de las partes está en juego. El mismo hecho de que la oposición acuda a las conversaciones ya es una señal de compromiso, ante el gobierno y los mediadores. Sin embargo, el todopoderoso Estado, con el juego a su favor, no ha movido ni un ápice sus posiciones. Los presos siguen presos y la represión continua. Mañana (jueves, 10 de abril) puede ser el principio o el final. Muchas cosas en juego para asumir a la ligera tamaña misión. Los venezolanos seguro apoyarán la iniciativa y le darán un voto de confianza, pero, ojo, que estarán alerta ante cualquier deja vu: mesa de negociación y acuerdo 2003, referendo revocatorio, firmas planas, decepción, a comenzar de cero.

Oscar Zambrano Quiroz

 

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