Reclamar, criticar, exigir y estar en desacuerdo se convirtieron, definitivamente, en delitos, en Venezuela. Lo que en la práctica ocurría, al menos, desde hace diez años, fue oficializado con la sentencia que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) dictó esta semana. El mismo régimen (por aquello de que el Gobierno y el Estado son uno solo en la Venezuela de hoy) que promovió el artículo 350 de la Constitución para “legitimar” las intentonas golpistas de 1992, pasados 22 años, ordena prohibir las manifestaciones que no estén “debidamente” autorizadas. ¿Y quién otorga los permisos? pues el propio régimen. Es decir, las autoridades corruptas e ineficientes tendrán la facultad de aprobar o no, las protestas en contra de la corrupción y la ineficiencia.

Este fin de semana, irreverentes como son, los estudiantes salieron a las calles para demostrar que lejos de sentirse intimidados, la decisión del máximo órgano de justicia del país renueva sus convicciones y su lucha contra la mayor barricada que existe en Venezuela: la falta de futuro. Los jóvenes saben que mientras todo continúe igual, el mañana seguirá siendo una mancha sin forma, y nada más.

Exigir mejoras al Presidente, ministros, gobernadores y alcaldes no debería ser nada excepcional. Son funcionarios públicos y, por ello, objeto de críticas constantes. Es un derecho natural pedir lo mejor de aquellos que gobiernan, están donde están por el voto popular, no por derecho divino. No son reyes ni príncipes, ni herederos de nada, como parece que ciertos individuos suponen.

Las manifestaciones “espontáneas” se mantendrán en las ciudades venezolanas. La situación económica será un incentivo adicional para tal situación. Podrán sentenciar una y mil veces contra las protestas, pero la dinámica de la crisis no se detendrá por lo que digan unos jueces “imparciales”.

Protestar, exigir, reclamar y revelarse contra la opresión es una condición inmanente al ser humano. Los grandes eventos de la historia así lo demuestran. Tapar el sol con un dedo no funcionó, ni funcionará nunca. Impedir la búsqueda de la libertad y de una mejor vida siempre será igual de absurdo.

Oscar Zambrano Quiroz

 

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