“Masacre” y “humillación”, fueron las palabras que abundaron en la prensa internacional tras el resultado del juego España-Holanda, celebrado en Salvador de Bahía. Los fanáticos del tiki-taka quedaron en shock. El campeón había sido desdibujado. Fue solo un fantasma que deambuló noventa minutos sobre el césped del Arena Fonte Nova. Una sombra y nada más, de aquellas gloriosas actuaciones del 2008, 2010 y 2012.

Las combinaciones de pases “infinitas” desaparecieron. Xavi nunca estuvo. Diego Costa fue un alienígena. Un ente extraño, pues pareció que nunca pudo conectarse con el resto de sus compañeros, a pesar de algunas intervenciones aisladas, entre ellas la que provocó el penal, convertido por Xabi Alonso.

No es que el famoso tiki-taka caducara, es que la escuadra española no jugó. No planteó nada. Simplemente se limitó a estar, a aparecer, a cumplir con presentarse. Daba la impresión que estaba fundida. Un deja vu de la final de la Copa Confederaciones. Una abdicación de su estilo, de la marca de fábrica, de la corona mundial.

Después del desempeño de Chile frente a Australia, el próximo juego de La Roja se prevé difícil. Ya Del Bosque anunció que “no habrá una revolución” en las jornadas venideras, por lo que se puede suponer que ante suramericanos y oceánicos la estrategia no variará significativamente. En el mundial de Suráfrica, la Furia también tropezó en su primer encuentro, pero posteriormente se recuperó con par de victorias ante Honduras (2-0) y, precisamente, frente Chile (2-1).

El mister ibérico conoce como salir de estos atolladeros. Lo demostró anteriormente. Las miradas estarán puestas en el segundo juego. Ese careo determinará el futuro de la generación dorada española. Ese día se sabrá si, al igual que el Rey Juan Carlos, los titulares de las coronas de Suráfrica 2010 y de las dos últimas ediciones de la Euro, también decidieron abdicar de la carrera por el trono de Brasil 2014.

Oscar Zambrano Quiroz

 

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