El policía estaba en el piso y con una frialdad aterradora el enmascarado lo “remató”. Esta es la descripción de una de las primeras imágenes transmitidas por los medios al conocerse sobre la masacre en la redacción del semanario Charlie Hebdo, en París. Parecía un filme; lamentablemente era una de esas ocasiones en que la realidad supera a la ficción. Doce personas asesinadas y ocho heridos dejó el saldo de la “misión cumplida” del trío de atacantes, informaron las autoridades.
La libertad de expresión había sido vulnerada una vez más. De nuevo la intolerancia religiosa surgía como espada -o mejor dicho como balas- para acallar a los “infieles”. Unas simples caricaturas provocaron que los fantasmas de siempre salieran de sus madrigueras y acabaran con las vidas de quienes piensan distinto. Una tragedia.

Después de las muertes vinieron las declaraciones de los líderes europeos y estadounidenses, y quizás en ese instante, surgió lo único “positivo” de la jornada: el ataque no solo fue contra Francia, fue contra los valores occidentales, la conclusión generalizada. Analistas, medios tradicionales y usuarios de redes sociales coincidieron. “Nuestros valores están en riesgo”; “no se puede ser tan transigente”; “los cimientos de la democracia están en peligro”, se leía en internet.

Cuando se trata de radicalismos que intentan limitar las bases del mundo occidental no puede haber medias tintas. No se pueden permitir dudas. No se puede tolerar la intolerancia. Los periodistas del Charlie Hebdo nunca abdicaron de su estilo. ¡Que mejor ejemplo para la sociedad occidental¡ Ante este nuevo vejamen lo que toca es imitar a los trabajadores del semanario francés y reafirmar la Liberté, égalité et fraternité frente a la barbarie.

“Je suis Charlie Hebdo”

Oscar Zambrano Quiroz

 

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